
Sentada mirando al mar, otra vez con olores de niña, brisa y sol que hace de las tardes de octubre una delicia. Aquí soy libre cuando el viento sopla hacia el mar y gracias a Dios me doy cuenta de que nada ha cambiado. Y estoy tan desgastada y tan saturada de espacios vacíos que ahora no sé qué decir. Sólo quiero pedir por la Libertad de los que nunca pudieron elegir o mejor aun, por la de aquellos que eligieron y piensan que perdieron lo más preciado. Eso sí que es injusto. Hay males con remedio y nos lamentamos. Lo siento y me duele. ¿Tan grande puede ser la cobardía? La cobardía es parte de la Libertad, pues si no fuéramos libres no nos plantearíamos siquiera el hacer algo y la cobardía no tendría lugar. Pero lo más importante es no perder nunca esa conciencia de Libertad; porque no somos más que cobardes que negamos nuestro derecho y nuestra condición. Nuestro privilegio en un mundo en el que sí que hay gente que no puede elegir ¡y ni siquiera se lamentan! porque no son libres. Podemos retorcer nuestras vidas hasta el punto de olvidar lo demás. Dejamos de mirar al cielo, de apreciar lo que nos rodea. Nos creemos la especie perfecta y en realidad lo que mejor nos sale es llevarlo todo (o casi todo) al traste. No nos hemos preocupado de encontrar y potenciar lo que nos hace felices, vamos por el camino contrario y mientras tanto tenemos sueños que automáticamente guardamos con melancolía cuando solo nos resignamos a que fueran eso: sueños. No entendemos por qué la naturaleza habla y habla, no nos damos cuenta de que en nuestra vida solo hay ruido, seguido de información inútil y después...sólo silencio. Silencio y vacío al fin, que cada uno llena como cree conveniente, con más ruido generalmente. Y así sigue, es la pescadilla que se muerde la cola. Pues qué más decir, que enhorabuena. Tenemos un mundo creado a base de eso, por y para gente libre que no busca la felicidad, sino "calidad de vida" (que para muchos es lo mismo). Que en su tiempo libre se miran el ombligo o el culo en el espejo, sumiendo su persona y su dignidad, junto con su satisfacción emocional en un infinito, absurdo, ruidoso e incómodo silencio.
Despierta!
