viernes, 2 de marzo de 2012

El dilema moderno

<< La filosofía Occidental era más afín a la Oriental hasta el Renacimiento del siglo XVII, cuando nuestra civilización revolucionó su pensamiento. Fue entonces cuando la filosofía científica empezó a considerar a las personas como independientes de los sistemas vivientes que los rodeaban y asumió que podíamos dominar y explotar la naturaleza sin ser afectados por ello. Escapamos de nuestra dependencia y nuestro vínculo con el mundo natural, persiguiendo ser invulnerables, invencibles e inmortales. Cuatrocientos años mas tarde muchos de nosotros nos lamentamos de tal actitud, conscientes, como lo expresa el antropólogo Gregory Bateson, de que "un organismo que destruye su ambiente se destruye a sí mismo">>
Entre el Cielo y la Tierra

Tranquilidad para muchos de los que ahora padecen lo que se llama estrés global, pues la cosa viene de atrás y ya es demasiado tarde para perseguir culpables. El principal problema ahora reside en que todos nosotros, desde hace 4 siglos hemos sido educados bajo la idea de que somos seres independientes de nuestro medio, a lo que con el tiempo se le ha añadido el concepto de tener también total poder y control sobre el mundo en el que vivimos.

Teniendo en cuenta la época de la que hablamos, entendemos que lo que se perseguía en ese momento era una independencia, acabar con el yugo de las creencias medievales de seres sometidos a caprichos divinos y desarrollarnos por nosotros mismos, buscar el libre albedrío tantas veces negado. Lo cual no habría estado mal si no hubiera desembocado en una irresponsabilidad guiada por el entusiasmo de ver derribadas barreras ficticias que anteriormente, hacían sentir impotente al ser humano.

Es irresponsable porque el hecho de centrarse en uno mismo y no mirar alrededor, en vez de darnos control nos lo ha quitado, y así es como las generaciones que han ido llegando se han encontrado desconcertadas ante lo que han encontrado. Gracias a este pensamiento, en vez de tener una visión mas "horizontal" en la que no somos subordinados sino parte de un todo, y al mismo tiempo capaces de percibir algo mas completo; tenemos una visión vertical que nos ha llenado la existencia de ángulos muertos. No percibimos cambios hasta que no entran en nuestra trayectoria rectilínea de mira y cuando intentamos mirar a nuestro alrededor lo que nos encontramos nos desborda ¿como es posible que no nos hayamos dado cuenta antes de todo el desastre? simplemente porque no hemos sido educados en un conjunto sino en la individualidad.

Por otra parte hay buenas noticias. Decir que no seríamos capaces de hacerlo demostraría de nuevo irresponsabilidad. El hombre como ser humano existe en un contexto conectado con su entorno en todas sus dimensiones, y como ser humano original, no solo es capaz, sino que está obligado a desarrollarse utilizando todos esos hilos que le unen al mundo, está hecho para eso. Para ser breve: si no fuera así, la evolución no habría existido.

Tenemos inteligencia y tenemos la ciencia, pero que hayamos olvidado nuestra condición de ecosistema, de dar y recibir, no quiere decir que esta relación deje de existir. Tenemos complejo de avestruces, que esconden la cabeza bajo tierra y piensan que no ocurre nada alrededor.
Este sistema tiende al caos, la entropía se consigue solo en relación con el medio. Y, paradójicamente, eso lo dice nuestra ciencia "unilateral".

<< Aun con resistencias empezamos a considerar la idea de que puede ser necesario trascender el pensar únicamente en nosotros mismos como entidades con intereses privados (estados-naciones, grupos corporativos, personas individuales) y en vez de eso contemplarnos a nosotros y al mundo como un único sistema orgánico. >>

sábado, 4 de febrero de 2012

El país de los globos


Un señor muy bien vestido, aparentemente de cierto poder adquisitivo y muy serio; esperaba en la puerta del gobierno militar la salida del Santiago. Uno de los espectáculos mas bonitos y emotivos de la semana santa Cartagenera. El trabajo de los portapasos, junto con la puesta de sol y el gran árbol centenario que custodia la puerta hacen que cada año tenga un gran público, en el que me incluyo.
Este señor espera, impaciente junto a su señora, cuando de repente su mirada se pierde en el cielo y entre la gente se le nota ausente, ido, extravolado. Un globo más perdido y abajo seguramente otro niño triste que mira decepcionado como se aleja volando su globo, su capricho concedido de la tarde. Y allí estuvo aquel hombre, mirando hacia aquel globo hasta que se hizo imposible seguirlo con la vista; entonces, reaccionó, miro hacia abajo y continuó con su espera como el resto de la gente.
Y mientras todo esto pasaba en cuestión de 2 minutos, yo miraba a aquel señor intentando imaginar qué estaría pensando. Recordé que hace ya muchos años, yo fui la niña que perdió su globo y mi madre me contó que todos los globos perdidos cuando salían volando iban a un país: el país de los globos. Donde se reunían y estaban todos juntos, que no se perdían, que no se explotaban, simplemente viajaban y se iban a su país. Y aquello me contentaba cuando cada Semana Santa veía globos volando por doquier.

No se, puede que el señor en cuestión, tan serio y arreglado algún día fuera niño y perdiera su globo, que estuviera muy triste y lo viera alejarse de él, como este día muchos años después. Puede que este día ese hombre retrocediera a su infancia y recordara, puede que ese día, durante dos minutos volviera a ser un niño. Quien sabe, puede que su madre también le contara que existe un país donde los globos van a reunirse cuando se escapan de las manos de algún niño.

Aquel día, me gustó ver que cualquier persona sueña, se abstrae del mundo e imagina, que cualquier día, cualquiera, por muy serio o mayor que sea, en un momento inesperado vuelve a su infancia otra vez, para escapar del mundo de los mayores y volver a ser un niño.