
Tan sólo una ha pasado, y sin embargo parece que desde aquella oscuridad, otras lunas crecientes he visto alimentando mi cielo.
Escuchando aquella canción que tan obvia era en aquel momento, de un tal Debussy, que sabe recrearme en ciertas ocasiones; es imposible aislar ese recuerdo de mi memoria, que ya se sabe, lo guarda todo pero dice lo que quiere.
Aquella perla que llena como estaba de luz me miraba mientras yo le hablaba, algunos la llamaban luna de julio, y yo le pedía con tal desespero las respuestas que por aquel entonces algo dentro de mí me reclamaba. Mas a esa luna, nos acercamos con desconfianza, tanto le temíamos...que hasta nos preparamos para su llegada, como aquel que se prepara para salir a luchar sin ni siquiera saber si tendrá que hacerlo.
Con miedo y algo de comer que sobró de la cena en la que yo nunca participé, la esperé en el balcón. Aquella madrugada, la dama jugó conmigo y me hizo olvidar los temores que me habían llevado a armarme hasta los dientes el corazón. Incluso en aquel punto, viéndome escasa de fuerzas y voluntad como para seguir protegiendo algo que era tan importante, le encomendé a ella por una noche el cuidado de la rosa que aquella niña guardaba con tanto celo. Después, a pesar del frío, mirando al cielo y tendida en el suelo como estaba, me dormí.
Fue la noche del 19 de julio y ahora, a 17 de agosto, un ciclo he pasado observándola y viéndola sonreir ante las miradas que de vez en cuando me lanzaba.
Llegó de nuevo la Llena, y al verla, un escalofrío me recorrió el cuerpo, su presencia era para mí ahora una ironía de lo más agradable, y un susurro me enviaban aquellos rayos. Ya supe las respuestas que pedí esa noche, pero para entonces, me habían cambiado las preguntas.
Ella lo sabía todo...desde el principio...
Escuchando aquella canción que tan obvia era en aquel momento, de un tal Debussy, que sabe recrearme en ciertas ocasiones; es imposible aislar ese recuerdo de mi memoria, que ya se sabe, lo guarda todo pero dice lo que quiere.
Aquella perla que llena como estaba de luz me miraba mientras yo le hablaba, algunos la llamaban luna de julio, y yo le pedía con tal desespero las respuestas que por aquel entonces algo dentro de mí me reclamaba. Mas a esa luna, nos acercamos con desconfianza, tanto le temíamos...que hasta nos preparamos para su llegada, como aquel que se prepara para salir a luchar sin ni siquiera saber si tendrá que hacerlo.
Con miedo y algo de comer que sobró de la cena en la que yo nunca participé, la esperé en el balcón. Aquella madrugada, la dama jugó conmigo y me hizo olvidar los temores que me habían llevado a armarme hasta los dientes el corazón. Incluso en aquel punto, viéndome escasa de fuerzas y voluntad como para seguir protegiendo algo que era tan importante, le encomendé a ella por una noche el cuidado de la rosa que aquella niña guardaba con tanto celo. Después, a pesar del frío, mirando al cielo y tendida en el suelo como estaba, me dormí.
Fue la noche del 19 de julio y ahora, a 17 de agosto, un ciclo he pasado observándola y viéndola sonreir ante las miradas que de vez en cuando me lanzaba.
Llegó de nuevo la Llena, y al verla, un escalofrío me recorrió el cuerpo, su presencia era para mí ahora una ironía de lo más agradable, y un susurro me enviaban aquellos rayos. Ya supe las respuestas que pedí esa noche, pero para entonces, me habían cambiado las preguntas.
Ella lo sabía todo...desde el principio...
La foto no es de aquella Luna, pero al fin y al cabo, ella es siempre la misma, eterna... Gracias a Malarkeys por la foto^^

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