jueves, 9 de octubre de 2008

Estación


LLueve otra vez, ahora que la tierra parecía mermada. Puede que nadie más lo sienta...pero en la sequía del tiempo a mí siempre me queda la duda de si habrá otra tormenta o esa había sido la última de todos los tiempos, hay veces que parece que el ente que conforma en sí la tierra ha desaparecido y la noche y el día se transcurren tan solo porque no podemos imaginarlo de otra manera.

Quizá el cambio de tiempo además de una alergia insufrible me traía de nuevo las ganas de escribir. Pero no se trata de ganas, sino de inspiración...¡que cosa tan extraña lo que me quita la inspiración en lugar de dármela!aunque no se que espero...¿que todo transcurra con normalidad?...venga por favor... Y aun así, en todo este tiempo no se me ocurre otra cosa para escribir que torpezas y más torpezas que la pereza ha amontonado y ahora se atropellan unas a otras.

Salir a respirar se ha convertido en ese tipo de cosas que siempre dejas para mañana y a cambio de eso, decido quedarme apoyada en la mesa de mi habitación (que después de mucho tiempo puede volver a hacer su función de mesa). Aire viciado, la misma música, incienso pegado en las paredes y sábanas, radón de una pared a otra...en fin.

Es la necesidad que a veces siento de un trago de licor amargo. Qué triste es darse cuenta de que la inspiración más fácil es la que trae el hastío y la debilidad; es mucho más fácil dejar en palabras las penas que las alegrías, el otoño puede que ayude a esto...es tiempo de melancolía, y visto desde esta perspectiva no es tan malo...alguien me dijo una vez "las mejores cosas se hacen con melancolía" y para mí, el otoño es una puerta abierta de par en par y somos libres para sentir esa mezcla de tristeza y añoranza que trae el frío. Siempre está permitido, pero en otoño es algo comúnmente aceptado.

En este tiempo pensé que era posible que el caos haya abandonado mi vida, y la rutina haya acudido a un grito por dentro que la llamaba desesperadamente y nunca reconocido. Porque he de reconocer, aunque no lo haya aceptado aun, que ansié la rutina que ahora tengo la libertad de obtener cuando me apetece, y el caos...es parte de mí y dominará mi vida siempre sometida a cambios, pero espero esta vez, no volver a dejar los trastos caer y desparramarse por mi mundo.

Haré recuento de lo que tengo y esperaré el seísmo que quizá nunca llegue.

Solo habré de volar y observar cuando todo tiemble...

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