
A veces pienso que ha pasado demasiado tiempo, otras que demasiado poco. Llámalo pereza o cobardía, de cualquier manera, ninguno de los dos sentimientos es en absoluto despreciable. Me siento agobiada y algo en mi cabeza me pide que le ponga ya la válvula a la olla a presión antes de que la tapa salte por los aires y deje unas secuelas que aunque posiblemente sean reversibles, me lleven a la necesidad de buscar un responsable (la palabra culpable no está esta noche en mi vocabulario) cuyo resultado no sema mas que la repetida historia del tal Juan Palomo (hablando de cocina, nunca mejor dicho).
Han pasado muchas cosas desde que acabó aquel viaje que resultó ser un curso intensivo de una teoría muy bien aprendida pero muy poco practicada; y si digo la verdad, no me sorprendió suspender en primera convocatoria. Pero no he considerado aquello finalizado hasta mi balance final. Es tan extenso que dudo que mi mente algún dia se crea capaz de ordenarlo, pero mi alma, siempre desordenada dentro de su orden, se yo que no dejara pasar nada por alto.
Pido perdón por despreciar lo que pude disfrutar y por hacer caso omiso de lo que yo ya sabía. Pido perdón a la tierra, por dar al cielo más valor que a ella misma sin tener en cuenta que no existe uno sin el otro. Lo siento por llorar al no ver un cielo despejado que me mostrara estrellas, e incordiarme y frustrarme mi propia decisión sin aceptar que yo elegí de manera irracional permanecer en el país en el que en invierno, las estrellas están en el suelo. Era solo un regalo que el cielo manda a la tierra, para que nos permita no olvidar su resplandor cuando la noche es interminable.
Perdón por tantas cosas....y en definitiva, perdón a la Tierra, por olvidar que ella es siempre la misma, y sobre todo; perdón a mi misma, porque solo yo pude hacerme tanto daño.
Después de todo este tiempo, ni con la cabeza fria puedo sintetizar todo lo que fue. Ni puedo ni quiero, porque ahora son experiencias que ultimamente vienen haciendo refrito en mi cabeza...y me gusta.
Me gusta pensar que nada habra cambiado, que mas gente volvera a pasar por allí, que alguien habra durmiendo en la que fue mi cama esta noche...pero que nunca se volvera a repetir. Distinta gente,distintos sueños, misma ciudad acogedora, y mientras tanto, en Hemgarden, sus habitantes seguirán viviendo en su anunciada última casa, con vistas al cementerio.
Señores, crecer duele.

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